Vuelan mis sueños sobre la ancha tierra: poemas de Sándor Petofi
Alejandro Carreño T.
Contenido de la edición 23.03.2025
El libro que abre este trabajo es un viaje ilustrado cuyos "objetos que hablan" nos cuentan de la vida del poeta y su familia. Durante años escuché hablar de Sándor Petofi, el poeta símbolo de Hungría.
Mi esposa y su familia, cuya lengua nativa es el húngaro, me llevaron al encuentro con una literatura que ignoraba completamente, no solo por la dificultad del idioma, sino también por la carencia de publicaciones sobre ella, por lo menos en Chile (sobre este tema y las relaciones de la literatura húngara con la literatura de nuestro continente, recomiendo el breve, pero muy interesante ensayo de Zsuzsanna Csikós "Relaciones literarias entre Hungría y América Hispana: algunas observaciones", Colindancias, N. 3, 2012).
Portada del libro Beszélo Tárgyak. A Petofi család relikviai (Objetos que hablan. Reliquias de la família Petofi)
Con todo, he leído y disfrutado a varios narradores húngaros: Frigyes Karinthy, Dezso Kosztolányi, Gyula Krúdy y Sándor Márai, entre otros, en español y portugués. Pero nada o muy poco de poesía, aunque algunos nombres giraban como satélites líricos a mi alrededor, y que se me hicieron más conocidos con la lectura del ensayo de Justo Jorge Padrón "Panorama histórico de la poesía húngara. István Turczi: una voz destacada de la lírica húngara contemporánea", (Les Cressons Bleus, SUPLEMENTO DE CUADERNOS DEL MATEMÁTICO Nº 53). Sándor Petofi, era uno de estos satélites poéticos de los que tenía algún conocimiento más bien anecdótico que literario.
A diferencia de otras naciones en las que la narrativa es la esencia de su conocimiento literario, en Hungría lo es su poesía. Así lo entiende el filósofo y escritor húngaro György Lukács: "De la literatura húngara se puede afirmar que, a diferencia de otras literaturas, es la lírica la que desempeña el papel dirigente...Es en la lírica donde la verdad y la realidad se abren camino con poderosa fuerza, con todo el ímpetu y todos los anhelos y exigencias de un pueblo que aspira a la liberación" ("Poesía húngara / La supervivencia de una lengua", Tuerto Rey, poesía y alrededores). Libertad y liberación que, como ningún otro, representa Sándor Petofi, cuya poesía abordaré en algunos poemas en este ensayo, gracias a la colaboración de mi esposa Iren que ha traducido, y dado sentido a los textos poéticos, directamente de los libros Petofi Sandor Õsszes Kõlteményei, Elso Kotet, Budapést, 1966 (Obras Completas. Volumen Uno) y Petofi Sandor Õsszes Kõlteményei, Második Kotet, Budapést, 1966 (Obras Completas, Volumen Dos. En adelante V1 y V2), y revisado otras traducciones con las cuales he trabajado. Los sueños libertarios de Petofi, como "Vuelan mis sueños sobre la ancha tierra", el verso del poema "La Llanura" (Az Alfold, V1, julio de 1844, Pest, pp. 122 a 124), que titula este escrito: "Desde las nubes veo / mis sueños sobre la ancha tierra / el sonriente paisaje que se extiende / desde el Tisza al Danubio".
Petofi Sandor Õsszes Kõlteményei, Elso Kotet, Budapést, 1966 (Obras Completas. Volumen Uno) y Petofi Sandor Õsszes Kõlteményei, Második Kotet, Budapést, 1966 (Obras Completas, Volumen Dos. Fuente: A. Carreño T.)
El poema "La Llanura", no solo nos habla de la libertad, de la imaginación y de su alma como un águila libre que vuela sobre la estepa infinita ("Börtönébol szabadúlt sas lelkem, / Ha a rónák végtelenjét látom"), sino además describe con fervor la geografía de su país y su belleza, que lo llevan desde los Cárpatos hasta la extensa llanura donde se encuentran su hogar y su mundo ("Lenn az alföld tengersík vidékin / Ott vagyok honn, ott az én világom"). En su recorrido lírico por donde viajan sus sueños, Petofi nos sumerge en la metáfora pictórica de la extensa llanura como si contempláramos un álbum de fotografía. Cruzamos los ríos Tisza y el famoso Danubio; luego nos detenemos en Kiskunság, hoy Parque Nacional de Kiskunság, creado en 1975, de 550 kilómetros cuadrados. Luego, la fotografía de Kecskemét, ahora una moderna ciudad con algo más de 108.00 habitantes, ubicada entre Budapest y Szeged, a 86 kilómetros de cada una. La misma distancia que la separa del Tisza y el Danubio, para terminar su largo recorrido por la llanura húngara, plagado de metáforas variopintas que son un canto a la naturaleza. Esa llanura linda, al menos para él, que meció su cuna y donde quiere que se yerga su tumba: "Szép vagy, alföld, legalább nekem szép! / Itt ringatták bölcsom, itt születtem. / Itt borúljon rám a szemfödél, itt / Domborodjék a sír is fölöttem".
Petofi es un poeta que pinta con su lirismo el paisaje que describe su Hungría soñada en libertad, y por la que moriría en el campo de batalla en Segesvár el 31 de julio de 1849. Una muerte que se hizo leyenda como su corta vida y sobre la que volveremos cuando revisemos los poemas "Sueño con días sangrientos" ("Véres napokról álmodom...", V1, pp. 553 y 554, Berkesz, 6 de noviembre de 1846), "Libertad y amor (Szabadság, szerelem !, V2, p. 7, Pest, 1 de enero de 1847) y el más famoso, tal vez, de todos sus poemas: "Canto Nacional" (Nemzeti Dal, V2, pp. 323 a 325, Pest, 13 de marzo de 1848).
En su ensayo "Petofi, demoledor de formas", otro poeta húngaro, Ágnes Nemes Nagy (1922-1991), nos dice que los poemas de Petofi "son precisos" y que es gracias a esta precisión que el lenguaje descriptivo se transforma: "La acacia, el juncar, el campanario, empiezan a hacerse iridiscentes cuando se los contempla con intensidad. Esa esfera de radiación extraordinariamente delicada que se produce alrededor de los objetos es una característica de Petofi [...]. Es ese minúsculo desplazamiento, ese espejismo -en sentido propio y figurado-, lo que añade algo más a los croquis del poeta, a sus acuarelas transparentes, y así es como surge el poema de Petofi" (cito por el texto de Albert Lázaro -Tinaut, en Impedimenta del martes 21 de setiembre de 2010).
En el citado texto de Lázaro-Tinaut, el lector encontrará en versión bilingüe (español-húngaro) los poemas "La Llanura", "Sueño con días sangrientos" (traducido como "Días ensangrentados los que sueño") y "Canto Nacional", junto otros cuatro poemas con notas alusivas a sus respectivos traductores. De la lectura de varios poemas de Petofi, dispersos en varias páginas de internet y de sus Obras Completas citadas, he podido distinguir dos aspectos sobresalientes de su lírica. El primero, la influencia de la geografía de Hungría, sobre todo la llanura con su fauna, su flora y sus hombres, en la composición de sus poemas. Una llanura feraz, como nos dice en su poema "En mi país natal" (Szülofoldemem, V2, pp. 369 y 379, Félegyháza, entre el 6 y el 8 de junio de 1848). El lugar donde ha nacido ("Itt születtemé en ézen a tájon"), y que le recuerda permanentemente su infancia con el estribillo que repite la canción del escarabajo amarillo que su nodriza le cantaba: ("Mintha dajkám dalával vón tele / Most is hallom e dalt, elhangzott bár: / Cserebogár, sárga cserebogár"). El poema "En mi país natal" que en su primera estrofa recuerda el lugar donde nació, nos conecta de inmediato con el poema "La Llanura", escrito cuatro años antes. La estepa húngara es uno de los leitmotiv de la poesía de Sándor Petofi.
El segundo aspecto que me llamó la atención en los poemas leídos, fue su fervoroso patriotismo. Incluso el amor a la mujer, se diluye en el amor a la patria, simbolizada en la palabra "libertad", como en el poema "Libertad y amor" (Szabagdság, szerelem !, V2, p. 7, Pést, 1 de enero de 1847). Necesita tanto a una como al otro ("E ketto kell nekem"). Por el amor sacrifica su vida, pero, por la libertad sacrifica su amor ("Szerelmemért föláldozom. / Az életet, szabadságért föláldozom. / Szerelmemet"). La libertad se sueña. Y como toda libertad que se busca o se sueña, ella se tiñe con la sangre de quienes luchan por ella. El 6 de noviembre de 1846, en Berkesz, Petofi escribe un poema que es una reveladora prolepsis lírico-histórica de su vida, de sus sueños y de su muerte: "Sueño con días sangrientos" (Véres napokról álmodom...). Días que destruirán el mundo para construir otro sobre sus escombros: ("Véres napokról álmodom, / Mik a világot romba döntik, / S az ó világnak romjain / Az új világot megteremtik"). Y anhela con toda su alma guerrera que el sonido de las trompetas llame a combatir: ("Csak szólna már, csak szólna már / A harcok harsány trombitája! / A csatajelt, a csatajelt / Zajongó lelkem alig várja").
Sándor Petofi es un poeta romántico. Pero el romanticismo húngaro difiere el movimiento romántico que envuelve a Europa con su exacerbado manto de sentimentalismo con que se resuelven los conflictos personales. Los húngaros viven un romanticismo sustentado en el amor patrio y su libertad. Pareciera ser que no hay tiempo para el amor: por el amor sacrifica su vida, pero por la libertad sacrifica el amor, como nos dice en el breve poema "Libertad y amor". Las palabras de otro poeta húngaro, romántico también, Ferenc Kölcsey (1790-1838), autor de Hymnusz (1823), que recuerda la gloria del pasado de Hungría, y que más tarde se convirtió en el Himno Nacional, describe con precisión el romanticismo húngaro: "El sentimentalismo del carácter húngaro es diferente al del romanticismo. Mientras que este último toma prestado del sentimentalismo su línea conductora, el húngaro se sirve por el contrario de su patria y de sus circunstancias nacionales. El amor exaltado no es un fruto que florezca entre nosotros, sino que recientemente lo hemos tomado prestado de nuestros vecinos europeos. ¿Y qué ganamos con él? No es difícil adivinarlo" (citamos por el texto de Alfonso Lombana Sánchez y Zsuzsanna Lakatos-Báldy, "Sándor Petofi es de todos: una reflexión a la hora de intentar traducir Nemzeti dal", Hungarian Studies, Volume 37, Issue 2, Online Publication Date, setiembre de 2023; Publication Date, agosto de 2024)
Y las trompetas sonaron en el campo de batalla. Su muerte, como su vida, se hizo también leyenda. ¿Murió realmente Sándor Petofi en el campo de batalla de Segesvár contra el Ejército Imperial Ruso, ese 31 de julio de 1849, una de las últimas batallas por la independencia húngara que se inicia en 1848? Un año antes, y algo más, el 13 de marzo de 1848 en Pest, Petofi escribió su famoso Nemzeti Dal ("Canto Nacional"), un canto heroico que clama por la liberación de Hungría, a romper las cadenas de la esclavitud y dar la vida por ello. En la tercera estrofa llama a los húngaros a morir si es necesario por Hungría, a no preferir su vida miserable al amor patrio y a juramentarse por el dios de los húngaros de que no serán más esclavos: ("Sehonnai bitang ember, / Ki most, ha kell, halni nem mer, / Kinek drágább rongy élete, / Mint a haza becsülete. / A magyarok istenére / Esküszünk, / Esküszünk, hogy rabok tovább / Nem leszünk!"). El poema todo, en realidad, es el desarrollo de los dos primeros versos que resuenan como una arenga al pueblo húngaro, al que pide que se alce porque el momento ha llegado: "Talpra magyar, hí a haza! / Itt az ido, most vagy soha!".
Nemzeti Dal abrió las puertas de la revolución húngara de 1848 contra el poder absoluto que los Habsburgo ejercían sobre el país, y fue recitado por primera vez en el café "Pilvax" en Pest el 15 de marzo de 1848. En este café Sándor Petofi se reunía con sus amigos intelectuales Mór Jókai, Pál Vasvári y Gyula Bulyovszky.
Primer ejemplar impreso de Nemzeti Dal con escritos de la mano de Sándor Petofi (Fuente: Wikipedia)
El 15 de marzo se celebra el Día Nacional de Hungría. Un poema abriría las puertas de la gloria para una nación, y haría de Sándor Petofi la leyenda que cubre orgullosa la llanura húngara con su Nemzeti Dal, que declama con fervorosa pasión que esclavos no serán (traducido al español: Museo Nacional Húngaro), y se canta con el alma henchida de sangre y de sueños (letra en húngaro e inglés). La sangre y los sueños del poeta nacido en Kiskorös, a diez kilómetros de Budapest, cuya muerte cabalga por entre las páginas misteriosas de la historia y la literatura, se pierde en la batalla de Segesvár el 31 de julio de 1849, porque su cuerpo nunca fue encontrado. Entonces su amigo y poeta Mór Jókai, que estuvo con él cuando recitó por primera vez Nemzeti Dal en el café "Pilvax", escribió en 1862 Modas políticas (Politikai divatok), una novela autobiográfica en la que sueña que su amigo aparece diez años después con el nombre de "Pusztafi". Pero en 1980, historiadores rusos encontraron archivos que cuentan que después de la batalla, alrededor de 1800 prisioneros fueron enviados a Siberia. Entre ellos Sándor Petofi que murió, se dice, de tuberculosis en 1856.
Con todo, la leyenda no se detiene en estos archivos rusos. Ella sigue volando, libre como vuelan sus sueños sobre la ancha tierra, como vuela el alma libre del águila por la llanura infinita ("Börtönébol szabadúlt sas lelkem, / Ha a rónák végtelenjét látom"), como nos dice en el poema "La Llanura" (Az Alfold). En 1990 hubo una expedición a Barguzin, Buriatia, Siberia, y los arqueólogos dicen que encontraron el cuerpo del poeta (Wikipedia que referencia a Adam Makkai, In Quest of the 'Miracle Stag', 1996). La consolidación de la leyenda "Sándor Petofi" se encuentra en el dicho húngaro que lo consagra como un personaje más allá de la Historia y la Literatura: Eltunt, mint Petofi a ködben ("Desaparecido, como Petofi en la niebla").
Jorge Luis Borges, en El oro de los tigres (1992), dedica su poema "A un poeta de Hungría", a Sándor Petofi: "En esta fecha para ti futura / que no alcanza el augur que la prohibida / forma del porvenir ve en los planetas / ardientes o en las vísceras del toro, / nada me costaría, hermano y sombra, / buscar tu nombre en las enciclopedias / y descubrir qué ríos reflejaron / tu rostro, que hoy es perdición y polvo, / y qué reyes, qué ídolos, qué espadas, / qué resplandor de tu infinita Hungría, / elevaron tu voz al primer canto". Así lo entiende Zsuzsanna Csikós en su ensayo "Contribuciones a la historia de las relaciones literarias húngaro-hispanoamericanas": (CINCO CONTINENTES, publicaciones científicas del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea, No 2013/2. ELTE, BUDAPEST, 2015. (ÖT KONTINENS, az Új- és Jelenkori Egyetemes Történeti Tanszék tudományos közleményei, No 2013/2. ELTE, BUDAPEST, 2015) . Pero, Justo Jorge Padrón en su citado ensayo "Panorama histórico de la poesía húngara. István Turczi: una voz destacada de la lírica húngara contemporánea", señala que el citado poema de Borges está dedicado Janus Pannonius, siglo XV, considerado el mayor poeta del humanismo húngaro: "En su libro El oro de los tigres, Jorge Luis Borges le dedicó a Pannonius un inolvidable poema titulado "Al primer poeta de Hungría", en el que se solidariza con él diciendo: "nos une indescifrablemente / el misterioso amor de las palabras/ este hábito de sones y de símbolos". Una especie de polémica siglo XXI que, sin querer ni siquiera pensarlo, envuelve al poeta argentino. A mi modo de ver, y considerando lo expuesto en estas páginas y los diversos ensayos leídos, el poema alude a Sandor Petofi, el poeta que trasciende su tiempo y dejó una huella indeleble en la nación húngara, no solo con su lirismo que expande el ser húngaro con sus costumbres y creencias, como la llanura que se expande hacia lo infinito que pinta en su poesía, sino y sobre todo, con su poesía libertaria hecha de sueños, de amores y de sangre.
ALEJANDRO CARREÑO T.
Profesor de Castellano, magíster en Comunicación y Semiótica,
doctor en Comunicación. Columnista y ensayista (Chile)